Momento 4

 Proyección de acciones para fortalecer el rol de la Asamblea de Docentes en la transformación institucional.


Cuando el magisterio se reúne no solo para cumplir un punto del cronograma institucional, sino para pensarse colectivamente, está sembrando las semillas de otra escuela: más digna, más participativa, más viva. En este último momento del taller, no se trata de concluir, sino de proyectar. De pasar del análisis a la acción transformadora. Así como la pedagogía crítica no se queda en el discurso, sino que se materializa en la praxis, las Asambleas de Docentes deben convertirse en núcleos de decisión, en dispositivos de articulación, en trincheras de lucha simbólica y cotidiana dentro de las instituciones.

Decía Freire (1993) que “nadie educa a nadie, nadie se educa solo, los hombres se educan entre sí, mediatizados por el mundo” (p. 75). Es en ese “mediar el mundo” donde la Asamblea se vuelve fundamental: no solo como espacio formal, sino como escenario de mediación política, de creación de consensos desde la diferencia, de planificación pedagógica con sentido de realidad. Bell Hooks (1994) lo complementa al afirmar que “la educación como práctica de la libertad invita a pensar críticamente, a imaginar posibilidades más allá de las fronteras impuestas” (p. 83). Imaginar la escuela que soñamos implica recuperar la capacidad colectiva de actuar sobre ella.

En clave latinoamericana, Castro Gómez (2005) nos alerta sobre los dispositivos de colonialidad que persisten en las estructuras escolares: jerarquías verticales, burocracias disciplinadoras, reglamentos que silencian la voz del maestro. Frente a eso, la Asamblea se convierte en acto de desobediencia epistemológica y política. Aquí proyectamos no solo acciones, sino caminos de reapropiación institucional, de empoderamiento docente, de siembra de autonomía. Porque, como lo afirmaba Fals Borda (1986), “lo importante no es solo decir la verdad, sino convertirla en fuerza organizadora” (p. 31).







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